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Vida, desarrollo sustentable y mercados

Replanteando lo fundamental

Javier Mújica, ex presidente del Uruguay, 22 de junio 2012, Cumbre Río+20

GLOCALFILIA  ||  La Crónica de Hoy  ||  28 de julio 2017

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En la Cumbre de la Tierra de Río+20, entre las intervenciones al cierre, el 22 de junio 2012, el presidente uruguayo, Javier Mújica, ofreció una cátedra de humanismo que viene a cuento, ahora que las Naciones Unidas acaban de publicar el primer informe de avances en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (SDG Index: http://sdgindex.org, que abordaremos en la siguiente entrega) de la Agenda 2030.

Dijo Mújica: «Autoridades presentes, de todas las latitudes y organismos […], muchas gracias a la buena fe, que seguramente han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos la íntima voluntad, como gobernantes, de acompañar todos los acuerdos que ésta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir. Sin embargo, permítasenos hacernos algunas preguntas en voz alta.

«Toda la tarde se ha estado hablando del desarrollo sustentable y de sacar inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? [dado que] el modelo de desarrollo y de consumo es el actual de las sociedades ricas. ¿Qué le pasaría a este planeta, si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos que los alemanes? ¿cuánto oxígeno nos quedaría para respirar? Más claro: ¿el mundo tiene los elementos, hoy, materiales, como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible? […] Porque hemos creado una civilización, hija del mercado, hija de la competencia, que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, que significa mirar por todo el planeta. ¿Estamos gobernando a la globalización, o la globalización nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos, en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad? Nada de esto lo digo para negar la importancia de este evento, no, por el contrario. Pero el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, ¡es política!

«El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre y a la vida. Porque no venimos al planeta para “desarrollarnos” […], venimos a la vida intentando ser felices. La vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es elemental; pero si la vida se me va, trabajando y trabajando para consumir un plus… Porque la sociedad de consumo es el motor; si se paraliza el consumo, se detiene la economía y si se detiene la economía aparece el fantasma del estancamiento […]. Este híper-consumo es el que está agrediendo al planeta. Este híper-consumo tiene que generar cosas que duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica no puede durar más de mil horas prendida, aunque haya lamparitas que puedan durar 100 mil, 200 mil horas; pero éstas no se pueden producir, porque el problema es el mercado y tenemos que trabajar [para comprar]. Tenemos una civilización de use y tire. Estamos en un círculo vicioso.

«Estos son problemas de carácter político, que nos están diciendo la necesidad de luchar por otra cultura. No se trata de plantearnos volver al hombre de las cavernas […]. Es que no podemos, indefinidamente, continuar gobernados por el mercado. Tenemos que gobernar al mercado. [Porque] “pobre no es el que tiene poco, sino el que desea infinitamente mucho; y desea y desea y desea, más y más”.

«Entonces, saludo el esfuerzo y los acuerdos que se hacen, los acompaño como gobernante. Pero sé que algunas cosas que estoy diciendo “rechinan”. ¡Tenemos que darnos cuenta! La crisis del agua, la crisis del medio ambiente [es el resultado] del modelo de civilización que hemos montado. Lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir. […] Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Ahora están consiguiendo 6 horas. Pero el que consigue 6 horas se consigue dos trabajos y trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas [rentas]: la moto que compró, el auto que compró [el consumismo, etc.]. Y paga y paga… Y cuando quiere acordar, es un viejo reumático como yo, al que se le fue la vida… Y uno se hace la pregunta: ¿este es el destino de la vida humana?

«Estas cosas son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana. Del amor […]. De las relaciones humanas. De cuidar a los hijos. De tener amigos. De tener lo elemental. Porque es el tesoro más importante que tenemos. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama: la felicidad humana.»

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