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Pesca y medio ambiente

La pesca y el medio ambiente

Tomado de:     Libro Blanco, SEMARNAP 2000.

Al igual que ocurre con todas las actividades económicas y en particular con
aquellas que tienen una vinculación más directa con el aprovechamiento de los
recursos naturales, la interacción de este sector con el medio ambiente es múltiple,
por lo que el cuidado en las formas de explotación y manipulación de los recursos
pesqueros es fundamental para su aprovechamiento, en el marco de la
sustentabilidad. 1

Sin embargo, la conservación de los recursos pesqueros y de los ambientes
acuáticos de México tanto en cantidad como en calidad suficientes para preservar la
biodiversidad y garantizar aportaciones adecuadas a la economía no depende
únicamente del sector pesquero. Los ambientes naturales en donde se llevan a cabo
las actividades productivas (lagos, ríos, lagunas y presas, además de ecosistemas
costeros y marinos) han sido utilizados como depósitos para efluvios y descargas
de todo tipo de desechos líquidos y sólidos desde hace siglos, con contaminantes
cada vez más perjudiciales durante las últimas cuatro décadas. Hoy en día, estos
ambientes presentan niveles de contaminación y sedimentación verdaderamente
preocupantes. No importa que la mayoría de los desechos no se vierta directamente
al mar; tarde o temprano, el propio ciclo hidrológico se encarga de que todos estos
materiales lleguen al ambiente marino.

La deforestación en las laderas de una montaña facilita la expansión de la frontera
agropecuaria, al tiempo que provoca una excesiva erosión del suelo por la lluvia.
Esta lluvia, con su carga de suelo y restos orgánicos, llega al río más próximo
mediante el escurrimiento sobre la superficie de la parcela. Es probable que al
mismo río se descarguen aguas negras de las localidades cercanas, además de
cantidades considerables de basura doméstica. Todo ello deteriora la calidad del
agua del río, al aumentar la cantidad de materia orgánica y de partículas, reducir la
cantidad de oxígeno disponible, aumentar la turbiedad y reducir la penetración de
la luz solar. Estos factores tienen consecuencias de deterioro para las especies
ribereñas, incluyendo los recursos pesqueros. El grado del deterioro sería
especialmente alto si, además de los desechos señalados, se vierten efluvios no
filtrados de beneficios de café, desechos industriales y mineros que contienen
contaminantes tóxicos, o si el río recibe el escurrimiento de las parcelas agrícolas
aledañas, con su carga de pesticidas, fungicidas, fertilizantes, etcétera. 2

El exceso de nitrógeno en el agua causado por los fertilizantes agrícolas, el
escurrimiento de los desechos orgánicos derivado de las unidades de producción
intensiva de ganado (vacuno y porcino, en especial) y el producto de la descarga de
aguas negras provocan la eutroficación del agua al fomentar el crecimiento de algas
que cubren la superficie e impiden el paso de la luz solar. Bajo estas condiciones,
los organismos dedicados a descomponer la materia orgánica se multiplican
rápidamente y reducen la cantidad de oxígeno disuelto en el agua, lo que trae como
consecuencia la muerte por asfixia de las demás especies.

Los contaminantes industriales tóxicos y los metales pesados (que pueden llegar al
río al desbordarse las presas de jales de los centros mineros), en algunos casos
erradican por completo la vida natural de un río y los demás ambientes acuáticos y
semiacuáticos asociados con él. Esto sucede a lo largo de muchos kilómetros, hasta
que los contaminantes están lo suficientemente diluidos como para que su toxicidad
se reduzca.

Si el río llega a un lago o a una presa, la reducción en la velocidad del agua permite
que su carga de lodo y restos orgánicos se precipite al fondo, para formar una
gruesa capa de sedimento. Este fenómeno sofoca la vida acuática del fondo de estos
cuerpos de agua y acorta la vida útil de nuestras presas (y es remediable sólo
mediante costosas operaciones de desazolvamiento), ya que reduce la capacidad de
almacenamiento del agua de lluvia. Este último efecto tiene repercusiones sociales
y económicas muy graves, ya que disminuye los recursos de agua potable y para el
riego (por no mencionar la industria y la generación de electricidad), y aumenta el
riesgo y la intensidad de inundaciones cuesta abajo.

Si también el río lleva contaminantes tóxicos, los recursos pesqueros que en varias
de nuestras presas y lagos incluyen recursos controlados en sistemas de producción
acuícola y las demás especies silvestres sufrirán consecuencias que pueden ser
mortales.
Finalmente, de desembocar el río en una laguna costera, las consecuencias de su
contaminación pueden ser especialmente graves. Muchas especies aprovechadas en
las pesquerías comerciales del país empiezan sus ciclos de vida en las lagunas
costeras, incluyendo varias especies de camarón. La contaminación de su hábitat
afecta gravemente su desarrollo y, en consecuencia, las existencias disponibles para
su posterior captura.
Cabe aclarar que si los ecosistemas de manglar que generalmente rodean las
lagunas costeras están intactos, reducirán los efectos nocivos derivados de una alta
carga de sedimentos arrastrada por el río, al fomentar su rápida precipitación
alrededor de sus múltiples raíces aéreas. Pero si los manglares han sido erradicados,
el sedimento podría precipitarse en áreas susceptibles o podría ir llenando la
laguna, desplazando casi por completo sus ecosistemas acuáticos.
Este ha sido el caso de muchas de las lagunas costeras de México, para las cuales
ha sido urgente continuar la onerosa labor de rehabilitación mediante el dragado de
lodos y la construcción o rehabilitación de escolleras, a fin de mantener abiertas sus
desembocaduras al mar. En este contexto, sería de enorme beneficio asegurar que
las vertientes de captura del agua de lluvia en las zonas montañosas del país
mantuvieran su cobertura forestal, ya que el costo de conservarla probablemente
equivaldría a sólo una fracción del costo empleado para dragar las lagunas y
desazolvar las presas operaciones que dejarían de ser necesarias si se redujera la
erosión y la carga de sedimentos en los ríos que provoca la deforestación.
El sedimento producto de la erosión no se detiene en las lagunas ni en los estuarios
de los ríos que desembocan directamente al mar. En los últimos años, imágenes de
satélite han mostrado cómo las corrientes marinas arrastran los sedimentos para
finalmente dispersarlos o precipitarlos lejos de las costas. Estos fenómenos, más
fácilmente visibles desde el espacio, dejan su huella plasmada en tonos de gris, café
y rojo, mezclados paulatinamente con el azul de los mares.
Desde luego, estos sedimentos y los contaminantes que viajan con ellos provocan
estragos en el ambiente marino. Al igual que como sucede en los cuerpos de agua
dulce, los fertilizantes y restos orgánicos llegan a causar eutroficación en vastas
áreas mediante la proliferación de algas marinas que eliminan el oxígeno3. Los
contaminantes pueden ser ingeridos por peces o crustáceos que pueden resultar
afectados de manera directa, o por humanos, a quienes pueden causarles graves
enfermedades e incluso, la muerte.
Entre los peores resultados derivados del arrastre de sedimentos de origen terrestre
en el ámbito marino está la destrucción de los arrecifes coralinos. Generalmente,
estos ecosistemas se sitúan cerca de la costa, por lo que constituyen el primer
obstáculo al agua cargada con sedimentos. Al disminuir su velocidad, los lodos
precipitados cubren poco a poco los rugosos arrecifes y éstos y sus algas
simbióticas mueren por asfixia, llegándose a perder el ecosistema por completo.
El enorme impacto de la destrucción de los arrecifes coralinos puede ser
plenamente comprendido si se considera que tardan miles de años para constituirse,
que son los ecosistemas más diversos del medio marino y el hábitat preferido para
la reproducción y crecimiento de muchas de las más importantes especies
comerciales de peces en México.
Por todo lo anterior, es claro que no hay que perder de vista que la conservación y
el aprovechamiento sustentable de los recursos pesqueros y acuáticos no puede
aislarse del enfoque integral que caracteriza la gestión de los recursos naturales y el
medio ambiente llevado a cabo por esta Secretaría.
En síntesis, la deforestación sí afecta la producción pesquera. La contaminación de
los ríos sí disminuye la cantidad y calidad de los recursos pesqueros. Aun el aire
contaminado, al precipitarse sobre los ambientes acuáticos, los puede dañar. Uno
de los principales objetivos de la SEMARNAP ha sido mantener un enfoque
integrador en la gestión del medio ambiente y los recursos naturales, puesto que su
desarticulación jamás podría favorecer el aprovechamiento óptimo de nuestros
recursos naturales.

 

1 SEMARNAP. Programa de Pesca y Acuacultura 19952000,
(1996).
2 Challenger, A. Utilización y conservación de los ecosistemas terrestres de
México. Pasado, presente y futuro. Conabio, Instituto de Biología de la UNAM,
Agrupación Sierra Madre, S.C., México, 1998
3 Este fenómeno ya ha sido reportado para un área del Golfo de México del tamaño
del Distrito Federal, fuera de las costas de Estados Unidos, frente a la
desembocadura del río Mississippi, y declarada “zona muerta”. Global
Environment Outlook 2000. Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente, Nairobi, 2000.

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