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Objetivos de desarrollo sostenible, una visión optimista

Para situar el optimismo ante los Objetivos de Desarrollo Sostenible

En Vislumbrando futuros,
28 de septiembre 2015

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Blog de Rafael González Franco

La Asamblea General de la ONU acaba de adoptar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, como “un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia”. Esta resolución reconoce “que el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza” y se afirma que sin lograrla no puede haber desarrollo sostenible. El texto aprobado menciona que la nueva estrategia contenida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible “regirá los programas de desarrollo mundiales durante los próximos 15 años. Al adoptarla, los Estados se comprometieron a movilizar los medios necesarios para su implementación mediante alianzas centradas especialmente en las necesidades de los más pobres y vulnerables”.

A Einstein se le atribuye la frase: “locura es pretender obtener resultados diferentes haciendo lo mismo”; si se mantienen las pautas que han llevado a la situación actual ¿cómo esperar que las cosas cambien? Sin un cambio radical de paradigma no habrá posibilidad alguna de alcanzar esos objetivos y todo quedará en una declaración más de buenas intenciones; como ha pasado con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aprobados hace 15 años, y cuyas metas para este 2015 están, en la mayoría de los caso, lejos de alcanzarse. ¿Cómo lograr objetivos tan ambiciosos, además de urgentes y necesarios, si no se revierten las causas estructurales del estado actual de cosas? La crisis ambiental, de pobreza y de violencia que se vive en el mundo requiere de acciones decididas que subviertan de una vez por todas las lógicas imperantes en la interacción social y con el medio ambiente.

Ese cambio radical de paradigma deberá estar basado en una “revolución ética estructural-radical” que paute nuevos derroteros para la convivencia humana y la relación sociedad-naturaleza, que nos disponga e incentive a la cooperación y la relación armónica con el ambiente. Para muchos, estas afirmaciones parecen estar fuera de la realidad, ser románticas, incluso ingenuas; se me ha dicho que son consideraciones que obvian las leyes de la historia y la lógica del poder; pero hay que insistir que sin tal revolución ética, todo seguirá conforme a las mismas tendencias y ninguno de los propósitos acordados por la comunidad internacional se verán cumplidos.

Esta “revolución ética estructural-radical” tiene desde nuestro punto de vista cuatro componentes que descansan sobre una cultura de buen trato y del cuidado de uno mismo, de los demás y del entorno. Hablar de buen trato y de cuidado en su sentido profundo, remite a la regla de oro de todas las religiones y a las espiritualidades de todos los tiempos y latitudes: “trata a los demás como quieres ser tratado”; recupera la esencia de la compasión, la empatía y la solidaridad y reconoce que como seres humanos estamos impelidos a cooperar porque de los contrario no somos viables como especie.

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Basados en una cultura de buen trato y del cuidado de uno mismo, de los demás y del entorno, los componentes de esta revolución ética estructural-radical, sin ser ninguno de ellos más importante que los otros, pueden describirse sucintamente de la siguiente manera:

  1. Educación e incentivos efectivos para una convivencia pacífica y colaborativa en los distintos ámbitos de interacción humana, con equidad, incluyente y respetuosa de la diversidad y de las diferencias.
  1. La creación de condiciones para asegurar una relación sociedad-naturaleza pautada por  los límites de la regeneración y la capacidad de carga de los ecosistemas, y el fin a la extracción minera de recursos naturales  (considerando que todos son no renovables); además de generación cero de emisiones a la atmósfera y residuos tóxicos y contaminantes.
  1. La generalización de modelos de producción, distribución, intercambio,  movilidad y consumo a escala comunitaria,  en la lógica del buen vivir y no en la del capital, además de la erradicación de la industria alimentaria que no nutre, de la producción y uso de agro tóxicos y de los organismos genéticamente modificados en la producción agrícola.
  1. El aseguramiento de andamiajes legislativos e impartición de justicia  cuyo núcleo sea el respeto irrestricto a los derechos humanos.  Tolerancia cero a la corrupción y a la impunidad.

 

Sin el despliegue efectivo de estos cuatro componentes, como resultado de un cambio de paradigma al que las sociedades humanas se adhieran como una revolución ética estructural-radical, las causas que perpetúan la pobreza seguirán con el mismo vigor, el deterioro ambiental y el cambio climático no se detendrán y la degradación de la convivencia humana se agudizará; quedado los Objetivos de Desarrollo del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como quizá la última declaración de buenas intenciones en la que se puso de acuerdo la comunidad internacional; pero sin que haya podido tener efectos positivos en la realidad del mundo.

 

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