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Homún y la esperanza lejana

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Homún y la esperanza lejana

Rafael Robles de Benito || La Jornada Maya || Miércoles 11 de octubre, 2017

Rodrigo Díaz Guzmán

¿Un pseudo-problema?

Estaba tratando de aclarar mi vaga nota de la semana pasada, cuando apareció, este lunes, la noticia de que en Homún se había decidido, en una “consulta” unilateral, que la comunidad no aceptará la construcción de la proyectada granja porcícola de la empresa Kekén. Aunque antes había ofrecido mi punto de vista acerca de esta controversia, me parece indispensable insistir en el tema, que trasciende el caso de un cenote, o incluso de una sola reserva: atañe a la forma en que se encara el asunto de la conservación del patrimonio natural del país.

Si se revisan con atención los documentos que soportan jurídicamente, tanto al área protegida de Yalahau, como a la reserva geohidrológica del estado de Yucatán, nada en ellos prohíbe a rajatabla el establecimiento de granjas porcícolas. Es cierto, como dice José Clemente May, que se trata de una actividad condicionada. La pregunta es entonces: ¿condicionada a qué?

En casos como este, las condicionantes, o los condicionamientos, si se prefiere, se establecen en el dictamen que la autoridad ambiental competente emite en materia de impacto ambiental. Si en un área, protegida o no, se estipula, por razones de ordenamiento ecológico del uso del paisaje, que el funcionamiento de una granja porcícola está condicionado, hay que revisar las condicionantes, establecer medidas para verificar su cumplimiento, y acordar medidas de supervisión y monitoreo que permitan a los vecinos, con intereses distintos a los de ese proyecto, alcanzar la seguridad de que no se verán afectados los suyos.

Dicho de otra manera, el conflicto que parece haberse desatado en Homún es un pseudo-problema: la construcción y operación de la granja están condicionadas, existen los canales de comunicación y mecanismos de gobernanza en los que participan vecinos y autoridades en el seno del área protegida, y se puede saber, paso a paso, cuáles son los impactos que genera el proyecto porcícola, porque está condicionado, puede ser suspendido o modificado en cualquier momento.

Las cosas vistas así, el doctor Eduardo Batllori no miente (no ha mentido a lo largo de tres décadas en las que le he conocido). La construcción de la granja porcícola propuesta para Homún es permisible, y no tiene por qué resultar contradictoria con los proyectos de desarrollo ecoturístico de los residentes locales. Los elementos para evaluar el funcionamiento entre ambos intereses están escritos en el dictamen de impacto ambiental (hay que saber leerlo), y el seguimiento que se debe hacer del cumplimiento de esos elementos, debe ser realizado por todos los actores incluidos en la gobernanza del sitio: autoridades, residentes y representantes de los diferentes actores sociales presentes en la zona.

Si se puede dejar de lado la intervención de los grupos políticos que ahora quieren convertir este asunto en una mina de argumentos para sus pretensiones de poder, y que manipulan desvergonzadamente los intereses legítimos de los pobladores locales, la oportunidad de convertir la reserva geohidrológica de Yucatán en un espacio de gobernanza participativa para la apropiación del paisaje regional, no se ha perdido del todo. Pero está en riesgo. La lucha, entonces, no está en si se autoriza o no la granja porcícola de Homún: está más bien en cómo se garantiza la realización de verdaderas consultas, veraz y transparentemente informadas, alrededor de los proyectos de uso del territorio de la región, de modo que se pueda garantizar la participación, y conciliación, de los diferentes intereses presentes en el área, de modo que encuentren terrenos comunes de generación de desarrollo sustentable.

Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/2017-10-11/Homun-y-la-esperanza-lejana

Chetumal, Quintana Roo
roblesdeb1@hotmail.com

 

 

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