Biosfera, capacidad de carga

Petri, capacidad de carga y biosfera

GLOCALFILIA  ||  La Crónica de Hoy  || 16 de julio 2016

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¿Conoces las «cajas de Petri»? Recipiente redondo, chaparrito, de vidrio o plástico, con una cubierta igual, algo más grande, para cubrirlo. Se utiliza en microbiología. Con distintos sustratos permite cultivar células de tejidos animales o vegetales, o de microorganismos. Al alemán Julius Richard Petri se le ocurrió fabricarlas cuando trabajaba con el premio Nobel Robert Koch (por descubrir el bacilo de la tuberculosis en 1882). Nos topamos con ellas en laboratorios de biología o de química, típicamente para observar crecimiento de colonias bacterias u hongos en sustratos de agar-agar (gelatina marina).

Con cajas de Petri puede realizarse un ejercicio básico de ecología demográfica (puede hacerse en casa): (1) se coloca un poco de sustrato nutritivo en el fondo de la caja (agar-agar para bacterias, puré de tomate para hongos); (2) se cubre la caja; (3) cada cierto tiempo se mide el número y la superficie que ocupan pequeñas colonias que van apareciendo; (4) las colonias ocupan la superficie del sustrato hasta cubrirlo completamente; (5) se grafica la superficie ocupada en función del tiempo y se obtiene la famosa curva logística (en forma de «S») de Verhulst (1838). La curva muestra que, al principio, las colonias aparecen lentamente; luego se acelera el crecimiento en su número y la superficie que ocupan; cuando rebasan la mitad de la superficie de la caja de Petri el crecimiento se desacelera; hasta llegar a un crecimiento cero, cuando la totalidad de la superficie fue ocupada. Es una manera de entender el concepto de «capacidad de carga de los ecosistemas»: para cada especie, cada ecosistema configura límites al número individuos o biomasa total que puede alcanzar una población, en ese ecosistema.

Cap.Carga.Biosfera_Homosapiens

Para nosotros, Homo sapiens global, que ocupamos todos los rincones posibles de la biosfera, el planeta Tierra es algo así como nuestra caja de Petri y la biosfera nuestro sustrato de nutrientes. Como colonias de bacterias u hongos, hemos incrementado nuestra población (número de colonias y la superficie que ocupan) hasta prácticamente saturar la biosfera. Nos aproximamos, ¿o hemos rebasado ya? los límites de la capacidad de carga de la biosfera para la especie humana (límite K en el gráfico, arriba).

Habiendo generado un cambio climático, pérdida de biodiversidad y ecosistemas, degradación de tierras y aguas, estrés hídrico, desertificación, contaminación, etcétera; realmente nos hemos complicado la vida en este planeta. Y si alguna vez no lo fue, hoy día la principal fuerza conductora de la crisis ecológica global es el crecimiento de la población humana. Porque fueron necesarios miles de años de historia como especie para que, en 1600, lográramos 500 millones de habitantes. En 1830, 230 años después, alcanzamos mil millones; cien años después, 1930, 2 mil millones; treinta años después, 1960, 3 mil millones; 14 años después, 1974, 4 mil millones; 13 años después, 1987, 5 mil millones; 12 años después, 1999, 6 mil millones; y, en octubre 2011, rebasamos la cota de los 7 mil millones de habitantes en el planeta. De acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, para 2050 la población global será de al menos de 9 mil 300 millones, un tercio más que la humanidad presente (gráfico, abajo).

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Durante muchos años, la opinión maltusiana sobre los límites del crecimiento poblacional fue considerada errónea, hija de una ideología «reaccionaria». El problema no es la capacidad de producción de alimentos —se decía — sino la inequidad en su distribución. Sin duda, la inequidad distributiva de los mercados mundiales de alimentos constituye una variable central del hambre y la pobreza en el mundo. Y a eso hay que añadir que, alrededor de la mitad de los alimentos producidos en el mundo, se pierden a lo largo de toda la cadena de producción – transporte – comercialización – consumo final.

Pero la hipótesis ecológica de la época es que la población planetaria de Homo sapiens ya rebasó, y continúa rebasando, las capacidades de carga de la biosfera para este tipo de vertebrados – mamíferos – primates que somos nosotros y, tarde o temprano, tendremos que ajustar las dimensiones de nuestra población global (además de abandonar los actuales patrones dominantes de consumo y producción), si queremos asegurar nuestra supervivencia como especie.

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