Biodiversidad y servicios ecosistémicos

Los recursos biológicos del planeta

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Biodiversidad

La biodiversidad[1] o diversidad biológica es la variedad de la vida. Abarca a la diversidad de especies de plantas, animales, hongos y microorganismos que viven en un espacio determinado, a su variabilidad genética, a los ecosistemas de los cuales forman parte estas especies y a los paisajes o regiones en donde se ubican los ecosistemas. También incluye los procesos ecológicos y evolutivos que se dan a nivel de genes, especies, ecosistemas y paisajes.

El término fue propuesto por Walter G. Rosen, biólogo norteamericano, cuando preparaba el primer foro norteamericano sobre diversidad biológica, que tuvo lugar en 1986. El término fue rápidamente difundido con la publicación en 1988, por Edward O. Wilson, entomólogo y profesor en la Universidad de Harvard, de las memorias del foro. Los naturalistas venían estudiando la diversidad de los seres vivos desde hacía siglos, particularmente la diversidad de especies, para las cuales los evolucionistas y ecólogos desarrollaron métricas de índices de diversidad biológica. La biogeografía y la ecología contribuyeron a que el concepto considerara también la diversidad de ecosistemas y, por su parte, la genética moderna incorporó el nivel de la diversidad de genes, entre especies y al interior de las especies.

La popularización del término coincidió con la toma de conciencia, durante la última década del siglo XX, de la extinción de especies en curso por impactos adversos de las actividades humanas, con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) y la firma del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), en Río de Janeiro 1992.

Los seres humanos hemos aprovechado la variabilidad genética y domesticado” por medio de la selección artificial a muchas especies, con lo cual hemos creado una multitud de razas de maíces, frijoles, calabazas, chiles, caballos, vacas, borregos y muchas otras. Las variedades de especies domésticas, los procesos empleados para crearlas y las tradiciones orales que las mantienen son parte de la biodiversidad cultural.

Los recursos biológicos son indispensables para la supervivencia y el desarrollo del ser humano; somos absolutamente dependientes de los servicios ecosistémicos que nos brindan soporte físico, químico y alimentos. Pequeña porción de minerales aparte y mucha agua, nuestros alimentos de todos los días son biodiversidad, la mayor parte especies domesticadas por Homo sapiens durante los últimos 10,000 años.

De hecho, Homo sapiens somos la única especie superviviente del género Homo, de entre las decenas que existieron en el pasado. En el presente formamos parte de todas las especies que, como nosotros, no se han extinguido hasta la fecha y, en la red de redes de la vida, todas las especies dependemos de todas para nuestra supervivencia en el planeta. Sin embargo, las actividades humanas han incrementado la tasa de extinción de especies a niveles comparables a las otras cinco grandes extinciones en la historia de la Tierra[2].

 

Biosfera

El término «biosfera»[3] fue introducido por el geólogo austriaco Eduard Suess, en un estudio sobre el origen de los Alpes publicado en 1875. Pero fue hasta fines de la década de 1920, cuando el mineralogista ruso Vladimir Vernadsky publicó su estudio con ese nombre: «La Biosphère», que el término se afirmó. Vernadsky explicaba que, en realidad, el concepto provenía de la geoquímica desarrollada por Jean Baptiste Lamarck, ya que tiene que ver con los ciclos bio-geo-químicos de elementos de la Tabla Periódica que fluyen a través de los seres vivos.

La biosfera es pues el conjunto de todos los ecosistemas de la Tierra; está constituida por todos los espacios de la hidrosfera, la litosfera y la atmósfera donde la vida puede existir (espacios por donde fluyen la parte de energía solar captada por fotosíntesis o quimiosíntesis y los elementos materiales constitutivos de los seres vivos). De modo que es un esferoide bastante irregular, considerando lo más alto de la atmósfera donde pueden volar algunas aves; lo más caliente, frío o seco donde sobreviven bacterias y arqueas; y lo más profundo de los océanos donde viven invertebrados, peces y otros organismos. Ahora, gracias a la evolución exosomática humana, diminutas porciones de biosfera, encapsuladas en naves y estaciones orbitales, también existen en el espacio.

 La biosfera posee dos dimensiones fundamentales. La primera es su diversidad genética, la plataforma estructural de la biosfera, su «banco de información histórica», que determina el potencial adaptativo y evolutivo de los seres vivos en sinergia con el componente abiótico del sistema Tierra; la diversidad genética asegura la capacidad de largo plazo de la biosfera para persistir y adaptarse a cambios abióticos graduales o abruptos. La segunda dimensión es su diversidad funcional, el rol de la biosfera en el funcionamiento cotidiano del sistema Tierra, a través de la distribución y abundancia relativa, valores y rangos, de las características funcionales de los seres vivos presentes en la diversidad de biomas[4], ecosistemas y biotas[5], cada especie ocupando un nicho ecológico específico en la trama de la vida.

 

Políticas e instrumentos

El principal instrumento internacional es el Convenio de Diversidad Biológica (CDB[6]), cuyo objetivo central (Artículo 1) consiste en la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa de los beneficios que deriven de la utilización de los recursos genéticos. El CDB entró en vigor el 29 de diciembre 1993.

En el marco del CDB se han establecido dos Protocolos: el de Cartagena (CDB-PC[7], 2003), sobre bioseguridad, para asegurar el manejo, transporte y uso seguros de organismos genéticamente modificados (OGM); y el de Nagoya (CDB-PN[8], 2014), sobre los derechos de acceso a los recursos genéticos y la participación justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización. Recientemente se estableció el Plan Estratégico 2011 – 2020 que, con base en una visión compartida, una misión, objetivos estratégicos y las 20 ambiciosas Metas de Aichi[9], establece un marco de referencia para la definición de objetivos nacionales y regionales que conduzcan a que en 2050 la biodiversidad se valore, conserve, restaure y utilice en forma racional, manteniendo los servicios de los ecosistemas, para sostener un planeta sano que brinde los beneficios esenciales para todos.

La última Conferencia de las Partes (COP13[10]) tuvo lugar en Cancún. Bajo el liderazgo de la CONABIO, México promovió abandonar el aislamiento de los Ministerios ambientales como únicos participantes en estas reuniones, invitando a los Ministerios a cargo de agricultura, pesca, forestería y turismo. Estrategia apropiada que obligó a que estos sectores de gobierno expresaran intenciones y compromisos para la protección y uso sustentable de la biodiversidad, desde su perspectiva sectorial. El nuevo esquema resultó tan exitoso que diversos países promueven ya la invitación a los Ministerios involucrados en energía, minería y transportes, para que participen en la COP14 (a celebrarse en Egipto 2018).

Otro importante instrumento internacional es la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (que sustituye los Objetivos de Desarrollo del Milenio concluidos en 2015). En particular, los ODS 14 y 15 son los más directamente relacionados con la biodiversidad, se complementan con el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011 – 2020 del CDB y sus Metas de Aichi[11].

S_SDG_Icons-01-15El ODS15[12], «Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad», plantea doce metas orientadas a conservar, restablecer y utilizar de manera sostenible los ecosistemas terrestres y humedales, para asegurar que continúen proporcionando servicios ambientales para la economía y el bienestar humano. Prevé que para 2020 estará plenamente establecida la gestión sostenible de bosques y para 2030 la lucha contra la desertificación y pérdida de suelos. Considera prioritario, para 2020, reducir la degradación de hábitats naturales y la fragmentación de ecosistemas, poner fin a la caza furtiva y al tráfico de especies protegidas, así como prevenir y reducir las invasiones de especies exóticas. Confirma que los beneficios derivados del uso de recursos genéticos deben distribuirse de manera justa y equitativa. Enfatiza el acrecentamiento de recursos financieros para la conservación de la biodiversidad y compromete a que, en 2020, los valores de los ecosistemas y de la biodiversidad se habrán integrado en la planificación nacional y local.

S_SDG_Icons-01-14 El ODS14[13], «Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible», plantea diez metas destinadas a mejorar la conservación y el uso sostenible de los océanos y sus recursos, de tal modo que para 2025 se haya reducido drásticamente la contaminación marina (particularmente de nuevas entidades materiales, nitrógeno y fósforo). Plantea que para 2020 deberá haberse establecido la gestión sostenible de los ecosistemas marinos y costeros y frenado la acidificación de los océanos, existirá una reglamentación que ponga fin a la pesca excesiva e ilegal, estarán prohibidos los subsidios que fomentan la sobreexplotación pesquera y al menos un 10% de la superficie marina y costera se encontrará bajo régimen de áreas protegidas para la conservación.

En México, los principales instrumentos son la Comisión para el Conocimiento y Uso Sustentable de la Biodiversidad[14] (CONABIO) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP[15]). Bajo la coordinación y liderazgo de la CONABIO se formuló una nueva Estrategia Nacional sobre Biodiversidad de México y Plan de Acción 2016 – 2020[16] (ENBioMex), que fue presentada en la COP13. La ENBioMex constituye un instrumento articulador para el conocimiento de la biodiversidad, su conservación y restauración, uso y manejo sustentable, mitigación y control de los factores de presión, educación, cultura ambiental, participación social y gobernanza. Con base en ella, en 2030 México deberá haber logrado mantener la biodiversidad y la funcionalidad de sus ecosistemas, así como la provisión continua de los servicios ecosistémicos necesarios para el desarrollo de la vida y el bienestar de los mexicanos; además, gobierno y sociedad estarán comprometidos y coordinados en la conservación, uso sustentable y distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la biodiversidad (a nivel de ecosistemas, especies y genes).

Con esta visión de país en materia de biodiversidad, la CONANP juega un rol mayor en la medida que bajo su tutela se encuentra el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SINANP). A la fecha, México cumple con la meta 11 de Aichi en materia de ANP marinas y costeras, que establece al menos un 10% de ANP para el 2020, pero ya tenemos 23% considerando los recientes decretos de ANP en Pacífico mexicano profundo e Islas Revillagigedo (57.8 millones de hectáreas), islas del Pacífico frente a Baja California Sur (1.2 millones de hectáreas) y Caribe mexicano (5.7 millones de hectáreas). En cuanto a las terrestres, que Aichi indica al menos un 17%, México ya acumula 10.77%, esto es, 21 millones 111 mil 235 hectáreas.

 

Portafolio de biodiversidad y servicios ecosistémicos

Artículos sobre los diversos temas relacionados con la biodiversidad, los servicios ecosistémicos, la biosfera, las áreas naturales protegidas, zonas prioritarias para la conservación, flora y fauna silvestres, evolución, etcétera.

 

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Foro de biodiversidad y servicios ecosistémicos

Ecosistemas terrestres, bosques, humedales, ecosistemas costeros y marinos, políticas e instrumentos para la protección de la biodiversidad, agrobiodiversidad, recursos genéticos…

 


[1] Fuentes:  www.cnrs.fr/cw/dossiers/dosbiodiv/index.php?pid=decouv_chapA&savoir_id=savoir_a1_1;    www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/que_es.html

[2]  El registro fósil muestra: 1ª extinción, Ordovícico – Silúrico, hace 439 millones de años (Ma); 2ª, Devónico, 364Ma; 3ª, Pérmico – Triásico, 251Ma; 4ª final del Triásico, 199 a 244Ma; y, 5ª, Cretácico – Terciario, 65Ma. Fin e inicio de estos Períodos geológicos están marcados por extinciones. www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/extinciones.html

[3]  Fuente: Hutchinson GE et al, 1970. The Biosphere. Scientific American, Sept. 1970, Vol. 233, Num. 3.

[4]  Agregaciones de ecosistemas característicos de ciertas regiones: Tundra; Taiga (bosque norteño de coníferas); bosque templado deciduo; Pradera templada; Chaparral; Desierto; Bosque tropical lluvioso; Bosque tropical deciduo; Bosque tropical de malezas; Pradera y sabana tropical; Alta montaña (zonación compleja).

[5]  Flora y fauna silvestres; marinas, terrestres o acuáticas.

[6]  www.cbd.int

[7]  http://bch.cbd.int/protocol

[8]  https://www.cbd.int/abs/

[9]  https://www.cbd.int/sp/targets/

[10]  http://cop13.mx/

[11]  https://www.cbd.int/sp/  &  https://www.cbd.int/sp/targets

[12]  http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/biodiversity/

[13]  http://www.un.org/sustainabledevelopment/es/oceans/

[14]  https://www.gob.mx/conabio

[15]  http://www.gob.mx/conanp

[16]  https://ceiba.org.mx/publicaciones/CBD/2016_ENBIOMEX_gobmx.pdf