Una de cal, en previsión ambiental

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Una de cal, en previsión ambiental

Rafael Robles de Benito || La Jornada Maya || Miércoles 29 de marzo, 2017

Valentina Álvarez Borges

Los muros que debemos derribar

La carretera Mérida-Chetumal se encuentra sujeta a una larguísima obra de ampliación. Ahí hay una clara evidencia de que se llevó a cabo una labor escrupulosa de evaluación del impacto ambiental de la obra, y de que esa evaluación condujo a la ejecución de medidas de mitigación interesantes.

Algunas de estas medidas se han tomado en consideración a las necesidades de al menos una especie de fauna silvestre: el venado cola blanca. Tramos de la carretera se encuentran cercados con malla ciclónica y en esos tramos se han construido pasos francos por debajo de la cinta de asfalto, por donde se supone que los venados podrán cruzar, sin arriesgar el cuero sorteando camiones, autobuses y demás vehículos de motor.

Los intervalos a los que se han colocado los cruces de venados responden a seguramente, a un estudio, que permite presumir que es por ahí por donde más frecuentemente transitan estos cérvidos. De no ser así, se corre el riesgo de que los conductores, confiados en que ya no cruzaran más animales por su camino relajen su alerta, y los atropellen.

Quienes diseñaron esta medida no omitieron colocar cualquier cantidad de señales de precaución por la carretera, en lo que pareciera redundancia, que es prudente y precautoria: además de que se ponen cruces para los venados, no dejan de avisarnos que quizá alguno de ellos prefiera, como los peatones, que evitan los puentes peatonales, cruzar dando saltos por el asfalto.

Hay dudas acerca de la eficacia de la medida, incluso los cruces para los venados son tentadores puntos de espionaje para los cazadores. A pesar de eso, aplaudo que se haya tomado con cierta seriedad la necesidad de considerar la mitigación de los impactos ambientales de la construcción. Ojalá sucediera así en todas las obras y ojalá esto sea una señal alentadora de que al menos en las obras públicas se empiezan a acatar añejas demandas de quienes, desde hace ya más de cuatro décadas, han pugnado por convencer a ingenieros y constructores de que los procedimientos de impacto ambiental deben tener un carácter preventivo, que se deben emprender desde las primeras fases de planeación de los proyectos, mismos que deben incluir, desde su diseño, tales medidas de mitigación.

Por cierto, el muro de Trump va a ocasionar en términos de la fragmentación del hábitat y la interrupción de la movilidad, no solamente de los migrantes humanos, y de los pueblos indígenas que habitan tradicionalmente porciones compartidas de territorio mexicano y estadounidense, sino también de las especies de fauna silvestre que desde luego no entienden de conflictos fronterizos, sino que responden a las exigencias de su biología. Les guste o no a los señores que apoyan la construcción de esta aberración, también importan los daños a las especies no humanas, a las condiciones ecosistémicas, y a los servicios ambientales. Para citar a Roger Waters: ¡Derribemos el muro!

Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/2017-03-29/Una-de-cal–en-prevision-ambiental