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El «meteorito» de la expansión humana en la Tierra

GLOCALFILIA  ||  La Crónica de Hoy  ||  15 de octubre 2019

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Hace alrededor 66 millones de años, a 75 mil kilómetros por hora, un meteorito del tamaño del Monte Everest impactó en el noroeste de lo que hoy día es la Península de Yucatán. Cavó un cráter de kilómetros de profundidad, vaporizó rocas y aguas marinas instantáneamente, produjo inmensas olas de choque y envió hacia arriba roca sólida como si fuera líquida para formar una imponente cima que, acto seguido, se derrumbó para configurar el anillo del cráter. La energía térmica desatada incendió todos los paisajes en un radio de mil 500 kilómetros a la redonda y el impacto provocó un inmenso tsunami en la zona del Golfo de México y alcanzó escala planetaria.

Luego, cuando las aguas oceánicas regresaron al interior del anillo fundido, inmensas burbujas de vapor continuaron proyectando fragmentos de rocas. En la primera hora, el cráter estuvo probablemente lleno de una sopa oceánica rocosa, taponada por las paredes colapsadas del cráter. Poco a poco, grandes trozos rocosos se asentaron acumulando decenas de metros de escombros, depositando material de alrededor de 130 metros de espesor en un solo día. El impacto evaporó al menos de 325 mil millones de toneladas de azufre, produciendo una neblina global de aerosoles sulfatados que cubrieron la luz del sol, produjeron lluvia ácida que envenenó los océanos, devastó la diversidad biológica global y generó años de enfriamiento y baja producción primaria (fotosíntesis).

Reciente artículo de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos así lo explica (Gulick et al, sept. 2019: www.pnas.org/content/early/2019/09/04/1909479116). Este evento marca el fin del periodo Cretácico y el primer día de la era Cenozoica, que dejó como huella el cráter de Chicxulub, dio fin a los dinosaurios y permitió el despliegue de los mamíferos. Fue la quinta gran extinción masiva en la historia de la Tierra —aunque no la más devastadora (www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/extinciones.html)—, acabó con 16% de las familias y 47% de los géneros de especies marinas y 18% de las familias de vertebrados terrestres.

Y ahora nos encontramos en la sexta gran extinción masiva, pero provocada por el «meteorito» humano. Homo sapiens, primate industrioso de excesivo éxito poblacional a escala planetaria gracias a su ingenio (conocimientos científicos y capacidades ingenieriles), que le ha habilitado una evolución exosomática. Ocupa todos los rincones productivos de la Tierra, explota sin límite sus recursos y despliega un sistema de producción y consumo basado en el despilfarro y el agotamiento de los recursos naturales, la destrucción de hábitats, la degradación de ecosistemas, la contaminación de tierras, aguas y atmósfera, el cambio climático, la acidificación de los océanos, la interferencia en los ciclos biogeoquímicos de la biosfera, la degradación de la capa de ozono y la pérdida de biodiversidad.

Cual aprendiz de brujo, ha descubierto la «magia» de causas y efectos de la fenomenología de la naturaleza y se ha construido un mundo a sus anchas y caprichos. Pero más temprano que tarde todo se le ha complicado y ahora su desarrollo futuro y su supervivencia están amenazados.

Homo sapiens es sólo una especie más que comparte la biósfera con todas las demás especies del planeta, con las cuales estamos emparentados (el lenguaje molecular del ADN) y, sobre todo, somos interdependientes, las necesitamos para que la trama de la vida se mantenga tal y como hizo posible nuestra aparición en la Tierra.

En este orden de cosas, vivimos tiempos de gran preocupación, acicateados por el cambio climático. Técnicamente sabemos qué y cuánto tenemos que modificar nuestro sistema de vida para resolver el intríngulis, pero desde el punto de vista económico y social resulta demasiado complicado; y políticamente todavía más. Nuestros sistemas políticos y económicos están hechos para ajustarse a los intereses del dinero y a los cortos plazos, mientras que la integridad de los ecosistemas y los bienes terrenales de la biosfera son de largo plazo.

Como dice Greta Thunberg y el gran movimiento juvenil global emergente: «nuestro hogar se incendia, nos encontramos en una crisis planetaria y tenemos que actuar urgentemente ante la emergencia; o los gobiernos de las generaciones actuales nos dejarán todo este desastre a nosotros, a las generaciones futuras… y nunca se los perdonaremos».

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