Blog

#Evolución, #biodiversidad y #Servicios_Ecosistémicos

Sobre el valor intrínseco de la biodiversidad (1)

GLOCALFILIA  ||  La Crónica de Hoy  ||  17 de agosto 2018

Logo_Glocalfilia
Ir al Blog de Germán González Dávila

Nada tiene sentido en biología sin la teoría de la evolución, planteaba Theodosius Dobzhansky, genetista ucraniano que configuró la síntesis evolutiva moderna con otros grandes notables, como el zoólogo Ernst Mayr, el botánico George L. Stebbins y el paleontólogo George G. Simpson. Mucha tinta ha corrido desde entonces e innumerables avances en el estudio de la evolución biológica han tenido lugar, particularmente en genética molecular y genética de poblaciones, con lo que el planteamiento de Dobzhansky cada vez adquiere más vigencia. Nuestros conocimientos sobre la vida en la Tierra, su diversidad, sus orígenes, sus dimensiones funcionales y sobre sus despliegues a través del tiempo solamente cobran todo su sentido con la teoría de la evolución.

EVOLUCIÓN es el conjunto de cambios en las características fenotípicas (corporales) y genéticas de los seres vivos a través de incontables generaciones, lo que produce la inmensa diversidad de formas de vida, todas derivadas de un antepasado común universal que apareció en la Tierra hace poco más de 3 mil 500 millones de años. Estas características se modifican a través del tiempo debido a mutaciones en genes, errores espontáneos durante la replicación del ADN que ocurren al azar en la fase de reproducción con cierta regularidad (el «reloj molecular» o tasa de cambio según la especie), la mayoría de las cuales son neutras, ya que no modifican las probabilidades de supervivencia y reproducción de los organismos en los que ocurren. Otras resultan deletéreas, porque inducen desventajas adaptativas y los individuos que las portan son eliminados por selección natural. Pero unas cuantas implican ventajas para los portadores, que resultan fortalecidos en la «lucha por la existencia» e incrementan sus probabilidades de supervivencia y reproducción. Dicho de otro modo, las mutaciones ventajosas mejoran —al azar— capacidades de los individuos ante cambios que el medio ambiente experimenta a través del tiempo. Porque la Tierra se ha modificado profundamente desde que en ella surgió la vida, de tal modo que las mutaciones positivas, acumuladas a través de generaciones (y potenciadas con la recombinación del ADN en especies de reproducción sexual) han producido la inmensa biodiversidad que actualmente existe en el planeta.

Algunas de las modificaciones que ha experimentado la Tierra fueron tan drásticas que produjeron grandes extinciones masivas (www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/extinciones.html), de las cuales han ocurrido cinco en la historia del planeta —sólidamente documentadas en el registro geológico. Dramáticos cambios climáticos, tectónica de placas, vulcanismo y modificaciones en el nivel del mar son las principales causas; o incluso el impacto de meteoritos —como la que ocurrió hace 65 millones de años, que acabó con los dinosauros y la mitad de las especies de entonces. Afortunadamente, a cada gran extinción sigue una recuperación y renovación de la diversidad de la vida —por ejemplo, la extinción de los dinosaurios permitió la evolución de los mamíferos, nosotros entre ellos.

Así, los seres humanos, Homo sapiens, formamos parte de una biodiversidad que condujo a nuestra aparición en la Tierra. Pertenecemos al género Homo, uno entre muchos primates, de la familia de los homínidos, que surgió hace 2.5 millones de años; aunque todas sus especies desaparecieron —incluso la de mayor longevidad, Homo erectus, que sobrevivió durante poco más de 1.5 millones de años. La única sobreviviente —hasta ahora— somos nosotros, Homo sapiens, con solamente 300 mil años de existencia.

Evolucionamos de tal manera que nuestra capacidad cerebral y cognitiva se incrementó como en ninguna otra especie. Desarrollamos herramientas, conquistamos el uso del fuego (que constituye un componente de nuestro propio proceso evolutivo desde hace más de 400 mil años), escalamos la pirámide trófica para colocarnos como depredadores clímax y luego inventamos la agricultura. Una decena de miles de años después, con la revolución industrial, el uso intensivo de combustibles fósiles y el imperio de una insaciable sociedad de consumo, Homo sapiens está causando la sexta gran extinción masiva en la historia de la Tierra. Catástrofe invisible para la opinión pública, tomadores de decisiones y líderes de políticas públicas y corporativas. Nadie, excepto los especialistas, parece entender el inmenso riesgo que esto significa —más aún que el cambio climático— para las posibilidades del desarrollo futuro de la humanidad. Porque, además, incrementa nuestra propia probabilidad de extinción (lo que en plazos ecológico – evolutivos equivale a algunos miles o a algunas decenas de miles de años).

La CONABIO, el Millennium Ecosystem Assessment y el Capital Natural de México han configurado la mejor explicación, para todo público, del valor de la biodiversidad: los «servicios ecosistémicos», que nos aseguran: alimentos (agro-biodiversidad), agua limpia, aire respirable, materias primas, regulación del clima, etc.

Somos parte de la biodiversidad, la biodiversidad no nos pertenece, nosotros pertenecemos a ella; y dependemos de ella no solo como soporte para la economía y la cultura, sino para la vida misma la extinción de abejas y otros polinizadores es un aviso clave en esta crónica de una catástrofe (humana) anunciada.

Mientras tanto, entre el 18 y el 22 de agosto tendrá lugar en Montpellier, Francia, el Congreso mundial de evolución más importante del planeta. Organizado por las más importantes organizaciones científicas en la materia (la Sociedad para el Estudio de la Evolución, la Sociedad Europea de Biología Evolutiva, la Sociedad Americana de Naturalistas y la Sociedad de Biología Sistemática), reunirá a 2 mil 500 de los especialistas del mundo. Una oportunidad para enviar un mensaje de alarma al mundo: la única certeza absoluta de Homo sapiens (como la de todas las demás especies existentes o que hayan existido en el pasado) es que algún día se extinguirá, por lo que debiéramos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para retrasar tal trágico evento, ¡no para adelantarlo! que es lo que hacemos ahora provocando la sexta gran extinción…

Sorry, the comment form is closed at this time.