Centro de Documentación
Repositorio de publicaciones de referencia y de interés para la sustentabilidad ambiental del desarrollo |
|
2015

Javier de la Maza Coordinadores Julia Carabias, Rosaura Cadena
Conservación y desarrollo sustentable en la selva Lacandona Libro
Primera edición, 2015, ISBN: 978-607-97102-0-0, (Producción editorial Redacta, S.A. de C.V. Composición tipográfica y formación: Socorro Gutiérrez Revisión de textos y cuidado de la edición: Antonio Bolívar Impresión: Offset Rebosán, S.A. de C.V.).
Resumen | Enlaces | BibTeX | Etiquetas: ANP, Clima, Deforestación, destrucción, devastación, río Usumacinta, Selva Lacandona, Suelo
@book{Carabias2015,
title = {Conservación y desarrollo sustentable en la selva Lacandona},
author = {Coordinadores
Julia Carabias,
Javier de la Maza,
Rosaura Cadena},
editor = {DR © Natura y Ecosistemas Mexicanos, A.C.
Plaza San Jacinto 23-D, San Ángel, 01000 México, D.F.
www.naturamexicana.org.mx},
url = {https://ceiba.org.mx/que-hacemos/centro-de-documentacion/natura-conservacion-ds-lacandona/},
isbn = {978-607-97102-0-0},
year = {2015},
date = {2015-06-06},
edition = {Primera edición},
abstract = {Referirnos a la región de la Selva Lacandona como un lugar geográfico del territorio mexicano resulta cada vez más complejo y confuso porque su circunstancia ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas. De la superficie a la que se circunscribe, desde Palenque, Ocosingo y Tenosique hasta la frontera sur de México con Guatemala, que originalmente estaba ocupada por ecosistemas naturales principalmente de selva y por los lacandones, hoy no queda más que una tercera parte de selva, y los lacandones son la etnia minoritaria de la región.
La región de la Selva Lacandona está dentro de la cuenca del río Usumacinta, la cuenca más caudalosa del país. Casi toda esta región se ubica en la parte mexicana de la porción media de esta cuenca y, la parte restante, mucho menor en tamaño, se
extiende hacia la porción alta de la misma.
Se trata de un área con un complejo origen geológico y fisiográfico que permite la presencia de varios tipos de suelo, clima y ecosistemas naturales, desde los bosques templados en las montañas de 2 400 metros, pasando por los bosques mesófilos,
ya muy reducidos a cimas húmedas inaccesibles y principalmente de origen kárstico (calizas), por lo que no han sido transformadas, hasta las selvas exuberantes de los lomeríos bajos y planicies aluviales.
Estos ecosistemas, además de representar los últimos espacios naturales tropicales en muy buen estado de conservación —extensos, compactos y con alta biodiversidad—, ofrecen servicios ambientales estratégicos para la población local,
regional, nacional y, sin pretender exagerar, también para la mundial. Por ejemplo, contribuyen a la regulación del ciclo hidrológico ya que, por la evapotranspiración de la vegetación, se incrementa la humedad atmosférica y se propician
lluvias de convección que son alimentadas por la humedad del este acarreada por los vientos alisios; la vegetación retiene el agua, la encauza y la distribuye hacia la cuenca baja por innumerables arroyos y ríos, hasta su desembocadura; los
nutrientes que arrastran las aguas, que se generan por el constante recambio de materia orgánica que aporta la vegetación, llegan a la costa y alimentan las pesquerías; son, además, ecosistemas retenedores y captadores de bióxido de carbono
y por supuesto generan oxígeno; además, son fuente de recursos naturales, la mayoría desconocidos y aún no utilizados, cuyos beneficios para sus dueños son inimaginables.
Carabias, J., J. de la Maza y R. Cadena (coords.), 2015. Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona. 25 años de actividades y experiencias, México, Natura y Ecosistemas Mexicanos.
},
note = {Producción editorial
Redacta, S.A. de C.V.
Composición tipográfica y formación: Socorro Gutiérrez
Revisión de textos y cuidado de la edición: Antonio Bolívar
Impresión: Offset Rebosán, S.A. de C.V.},
keywords = {ANP, Clima, Deforestación, destrucción, devastación, río Usumacinta, Selva Lacandona, Suelo},
pubstate = {published},
tppubtype = {book}
}
Referirnos a la región de la Selva Lacandona como un lugar geográfico del territorio mexicano resulta cada vez más complejo y confuso porque su circunstancia ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas. De la superficie a la que se circunscribe, desde Palenque, Ocosingo y Tenosique hasta la frontera sur de México con Guatemala, que originalmente estaba ocupada por ecosistemas naturales principalmente de selva y por los lacandones, hoy no queda más que una tercera parte de selva, y los lacandones son la etnia minoritaria de la región.
La región de la Selva Lacandona está dentro de la cuenca del río Usumacinta, la cuenca más caudalosa del país. Casi toda esta región se ubica en la parte mexicana de la porción media de esta cuenca y, la parte restante, mucho menor en tamaño, se
extiende hacia la porción alta de la misma.
Se trata de un área con un complejo origen geológico y fisiográfico que permite la presencia de varios tipos de suelo, clima y ecosistemas naturales, desde los bosques templados en las montañas de 2 400 metros, pasando por los bosques mesófilos,
ya muy reducidos a cimas húmedas inaccesibles y principalmente de origen kárstico (calizas), por lo que no han sido transformadas, hasta las selvas exuberantes de los lomeríos bajos y planicies aluviales.
Estos ecosistemas, además de representar los últimos espacios naturales tropicales en muy buen estado de conservación —extensos, compactos y con alta biodiversidad—, ofrecen servicios ambientales estratégicos para la población local,
regional, nacional y, sin pretender exagerar, también para la mundial. Por ejemplo, contribuyen a la regulación del ciclo hidrológico ya que, por la evapotranspiración de la vegetación, se incrementa la humedad atmosférica y se propician
lluvias de convección que son alimentadas por la humedad del este acarreada por los vientos alisios; la vegetación retiene el agua, la encauza y la distribuye hacia la cuenca baja por innumerables arroyos y ríos, hasta su desembocadura; los
nutrientes que arrastran las aguas, que se generan por el constante recambio de materia orgánica que aporta la vegetación, llegan a la costa y alimentan las pesquerías; son, además, ecosistemas retenedores y captadores de bióxido de carbono
y por supuesto generan oxígeno; además, son fuente de recursos naturales, la mayoría desconocidos y aún no utilizados, cuyos beneficios para sus dueños son inimaginables.
Carabias, J., J. de la Maza y R. Cadena (coords.), 2015. Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona. 25 años de actividades y experiencias, México, Natura y Ecosistemas Mexicanos.
La región de la Selva Lacandona está dentro de la cuenca del río Usumacinta, la cuenca más caudalosa del país. Casi toda esta región se ubica en la parte mexicana de la porción media de esta cuenca y, la parte restante, mucho menor en tamaño, se
extiende hacia la porción alta de la misma.
Se trata de un área con un complejo origen geológico y fisiográfico que permite la presencia de varios tipos de suelo, clima y ecosistemas naturales, desde los bosques templados en las montañas de 2 400 metros, pasando por los bosques mesófilos,
ya muy reducidos a cimas húmedas inaccesibles y principalmente de origen kárstico (calizas), por lo que no han sido transformadas, hasta las selvas exuberantes de los lomeríos bajos y planicies aluviales.
Estos ecosistemas, además de representar los últimos espacios naturales tropicales en muy buen estado de conservación —extensos, compactos y con alta biodiversidad—, ofrecen servicios ambientales estratégicos para la población local,
regional, nacional y, sin pretender exagerar, también para la mundial. Por ejemplo, contribuyen a la regulación del ciclo hidrológico ya que, por la evapotranspiración de la vegetación, se incrementa la humedad atmosférica y se propician
lluvias de convección que son alimentadas por la humedad del este acarreada por los vientos alisios; la vegetación retiene el agua, la encauza y la distribuye hacia la cuenca baja por innumerables arroyos y ríos, hasta su desembocadura; los
nutrientes que arrastran las aguas, que se generan por el constante recambio de materia orgánica que aporta la vegetación, llegan a la costa y alimentan las pesquerías; son, además, ecosistemas retenedores y captadores de bióxido de carbono
y por supuesto generan oxígeno; además, son fuente de recursos naturales, la mayoría desconocidos y aún no utilizados, cuyos beneficios para sus dueños son inimaginables.
Carabias, J., J. de la Maza y R. Cadena (coords.), 2015. Conservación y desarrollo sustentable en la Selva Lacandona. 25 años de actividades y experiencias, México, Natura y Ecosistemas Mexicanos.
Debe estar conectado para enviar un comentario.