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Frases desafortunada

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Rafael Robles de Benito || La Jornada Maya || Martes 6 de junio 2023

Jornada

En este sexenio han predominado, con mucho, las consignas sobre las ideas. Y entre las consignas hay algunas que se repiten machaconamente durante las famosas mañaneras, en los mítines, durante las giras del gran timonel, o en boca de los comentaristas que aparecen en los medios y defienden – o tratan de defender – y explican las acciones emprendidas a nombre de la 4T. Unas cuantas de estas frases resultan francamente desafortunadas, a veces porque son absolutamente huecas, y otras porque son falaces. Ahora que nos acercamos al fin de la administración, merece la pena hacer el ejercicio de examinarlas, y tratar de determinar si nos ayudan a esclarecer lo que pasa en el país, y a entender cuál es la marcha de esta “cuarta transformación” y la propuesta estratégica de sus paladines, o si más bien nos tiende una densa cortina de humo verbal en la que caminamos a tropiezos, y juzgamos a ciegas cada tope como evidencia de una conspiración aviesa.

Empecemos por la consigna repetida en todo contexto, de “no somos los mismos”, o “no somos iguales”. ¿Qué tan cierto es esto? ¿Qué quiere decir? Me cuesta mucho trabajo encontrar diferencias genuinas entre las formas de gobernar del ejecutivo actual y los que le han antecedido, a menos de que se hable solamente de Fox y Calderón. El sello de aquella derecha ramplona y provinciana, medio ingenua y soberbia, sí que se distingue del corporativismo monolítico del revolucionario institucional, y del actual refrito en que parece estar convirtiéndose Morena, que de renovación no tiene gran cosa, y sí de una suerte de restauración del centralismo, y el presidencialismo autócrata y populista. Si hoy hay un “ogro filantrópico”, ese es Morena. Aunque claro, sus voceros (y sus intelectuales orgánicos) dirán sin ton ni son que Octavio Paz fue un conservador porfirista, o alguna barbaridad por el estilo.

Otra consigna frecuente es esa de que “tengo otros datos”. ¿Cuáles son las fuentes de esos otros datos? Al parecer, no son necesariamente las del Inegi, o las de alguna otra agencia que emita información con carácter oficial, ya que si algún periodista, o investigador, utiliza esos datos para realizar el análisis de algún acontecimiento de importancia nacional, y alcanza conclusiones que parecen cuestionar o poner en duda los asertos presidenciales, se encuentran con la muralla de los “otros datos”. Si existen, ¿se pueden consultar?, ¿pueden replicarse los procesos que condujeron a su generación?, ¿se pueden solicitar a través del Instituto Nacional de Acceso a la Información? A la luz de lo que ha estado sucediendo desde hace tiempo con el INAI, no creo. Todo parece indicar que, sin entender que ese instituto nunca se creó con el propósito de “combatir la corrupción”, sino para garantizar que los ciudadanos lográramos obtener oportunamente información veraz acerca de las acciones del gobierno, se está armando un proceso tendiente a desaparecerlo del panorama institucional. ¿Para qué? ¿Para no tener que dar explicaciones de lo que se hace con el patrimonio de los mexicanos?

Otra frase desafortunada es aquella de “a mí no me vengan con que la ley es la ley”. Pone en tela de juicio el fundamento esencial del estado de derecho, y si me apuran, sintetiza lo que está detrás de la animadversión que parece tener el ejecutivo hacia la suprema corte de justicia de la nación; de hecho, hacia todas las agencias del poder judicial. El clamor permanente en contra de las decisiones de los jueces y ministros, y la idea de que el poder judicial “está podrido” y de que “ya perdimos la corte”, no hace más que ocultar, por una parte, una incapacidad estructural por parte de las fiscalías, para integrar casos con la calidad de investigación, y de presentación de evidencias y argumentos, que alcancen y superen los estándares que fijan las leyes; y por otra, el desaseo de los procesos legislativos y el desprecio más o menos generalizado hacia la constitución.

Dicho sea de paso, quizá sea el momento de dejar de proponer una y otra vez modificaciones a la constitución, y convocar de plano un congreso constituyente, para discutir a fondo el tipo de nación que queremos ser hoy los mexicanos, el arreglo político que esperamos que nos defina, y el marco jurídico que nos permita habitarlo con prosperidad, sustentabilidad, y paz.

Pero al parecer estamos cada vez más lejos de encontrar un espacio de convivencia satisfactorio. Con un ejecutivo empeñado en dividir al país en porciones irreconciliables, un poder legislativo que usa su mayoría para complacer al gran timonel, y para intentar construir y mantener una hegemonía imbatible, y una multitud de afines y simpatizantes que ha sustituido la razón y la crítica por la repetición de las consignas, la fe, y la identificación facilona del enemigo a abatir y exterminar, estamos cada vez más irremediablemente enfrascados en un proceso que nos dirige a la exclusión del otro, la violencia política, y la sinrazón como sostén de una visión del mundo. Otro ingrediente que hace que este panorama se vuelva más preocupante es el creciente papel de las fuerzas armadas en las diferentes facetas de la vida nacional, pero ese análisis queda para otra ocasión. Por ahora, me quedo con la idea de que el dominio de la consigna significa la suspensión de la inteligencia.

roblesdeb1@hotmail.com

Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/opinion/215981/frases-desafortunadas-4t-morena-sexenio

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