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La Iglesia en manos de Lutero

 

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Rafael Robles de Benito || La Jornada Maya || Martes 31 de enero, 2023

Jornada

La COP28 será inclusiva y estará abierta para todes

Se ha nombrado presidente de la vigésimo octava Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP28), que se llevará a cabo en Dubai a finales de este año, al Sultán Ahmed Al Jaber, actualmente Ejecutivo en Jefe (CEO, les dicen) de la Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC). En los círculos de profesionales y activistas dedicados al tema de la mitigación de las causas del cambio climático global, y la adaptación a sus efectos e impactos, la noticia causó bastante revuelo, controversia e inconformidad. Fuera de esos círculos, el asunto parece no importar demasiado. Envía no obstante una señal francamente preocupante.

El director general y representante especial de la Organización de las Naciones Unidas para la COP28, Majid Al Suwaidi, ha declarado que los próximos diálogos en materia de cambio climático en Dubai serán inclusivos y estarán abiertos para todes. Varios activistas han hecho ver que esto representa un conflicto de interés entre el papel que jugará al Jaber en la conferencia, y su trabajo al frente de una compañía generadora de energía basada en el uso de combustibles fósiles. Por ejemplo, Tasneem Essop, director ejecutivo de la Red Internacional de Acción Climática (Climate Action Network International, CANI) escribió en su cuenta de tweeter que “esto es equivalente a una captura completa de los diálogos climáticos de la ONU por la compañía petrolera nacional de un petroestado y sus cabilderos asociados, representantes de los intereses de los combustibles fósiles”.

La postura formal de los directivos de la conferencia es que cualquiera puede participar, siempre y cuando presente soluciones que permitan acercarse al cumplimiento de los ya añejos acuerdos de París. Detrás del discurso de inclusión y equidad, asoma la cabeza el fantasma de la Granja de los Animales, de George Orwell. Aunque aquel simpático relato caricaturizaba al régimen estalinista, hoy viene al caso en un contexto más global: el del cambio climático. Orwell nos contaba que los cerdos que se hicieron con el poder en la granja, adoptaron el lema de que “todos somos iguales… pero unos somos más iguales que otros”.

Así, en la conferencia de las partes, una vez más, las organizaciones de la sociedad civil organizada, representantes de los pueblos indígenas, investigadores independientes, y los jóvenes tendrán sus “eventos paralelos” mientras los representantes de los estados nación, organismos internacionales y organizaciones cupulares de la iniciativa privada se reúnen y generan acuerdos y declaratorias. Después se podrá decir que se escuchó a todes, aunque muchas de las voces quedarán como ruido de fondo, y las decisiones se seguirán tomando en la cúpula, protegiendo al final del día los intereses de los más poderosos, y el statu quo global. Claro que, mientras tanto, la temperatura del globo seguirá aumentando, las superficies cubiertas por vegetación continuarán disminuyendo, la biodiversidad se seguirá erosionando, cada vez veremos más crisis de salud y migración, y seguiremos dando pasos a la extinción de nuestra especie.

Una de las voces que desde mi punto de vista resultan más autorizadas para hablar de la humanidad debiera hacer frente al cambio climático global, aunque para muchos resulta solamente la cháchara sin peso de una jovencita ingenua, quizá manipulada por intereses extraños, es la de Greta Thunberg. Ella dijo hace poco que “… no podemos salvar al mundo jugando de acuerdo a las reglas, porque las reglas deben cambiar. Todo debe cambiar, y esto debe empezar hoy mismo”. Lamentablemente, su voz es también una de esas que quedan como ruido de fondo.

Las reglas que ponen por encima de todo parámetro a los de la economía tradicional, y miden todo en función de índices como el producto interno bruto, el ingreso per cápita, la razón costo/beneficio y el resto del abracadabra de los economistas, continúan considerando “externalidades” a factores tan propios del mundo de lo concreto, como el clima, la biodiversidad, o la resiliencia ecosistémica, para mencionar solamente unos cuantos.

Esas reglas no han resultado demasiado eficaces, que digamos, para acabar con las inequidades, o para garantizar el bienestar de los pueblos, y mucho menos para desarrollar civilizaciones capaces de construir paisajes acordes con las exigencias que impone la permanencia de los procesos de la vida. Llevamos décadas hablando de la sustentabilidad del desarrollo, pero sin atrevernos a romper los moldes del desarrollo convencional, aún a sabiendas de que son estos moldes los que nos tienen atrapados en una espiral descendiente hacia la mayor de las catástrofes humanitarias que podamos imaginar.

Tendremos que entender que la crisis climática es una realidad incontestable, y que no la podremos enfrentar a menos que resultemos capaces de replantear el libro de reglas, y proponer nuevos esquemas de desarrollo que pongan el acento en la implementación de soluciones basadas en la naturaleza, aunque nos asuste que estas soluciones contradigan las premisas de la economía y la política que hasta ahora han alimentado las decisiones de los estados nación. De otra manera, el futuro de la humanidad será breve y doloroso.

roblesdeb1@hotmail.com

Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/opinion/210051/la-iglesia-en-manos-de-lutero

 

 

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